Hablamos con Ana Palacio, exministra de Asuntos Exteriores de España, sobre cómo la tecnología redefine el equilibrio global de poderes, el papel de Europa, los hubs tecnológicos y los desafíos geopolíticos y tecnológicos de los próximos años. Ana Palacio ha sido una de los ponentes de las Jornadas Tecnológicas Euskaltel 2026.
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Tecnología y geopolítica: ¿cómo está redefiniendo la tecnología el equilibrio de poderes a nivel global?
La tecnología ha dejado de ser un sector para convertirse en infraestructura de poder. Quien controla chips, datos, capacidad de cálculo, energía, talento, plataformas y estándares no domina sólo mercados, condiciona la autonomía de los demás.
La inteligencia artificial lo muestra con claridad. No flota en una nube abstracta; descansa sobre fábricas, centros de datos, redes eléctricas, minerales críticos, capital y Estado. Por eso la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China no es una competición de empresas, sino una disputa por la arquitectura del siglo XXI. El poder ya no se mide sólo en portaaviones o PIB. También se mide en semiconductores, cables submarinos, algoritmos, satélites y capacidad de convertir innovación en ventaja estratégica.
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En el ámbito tecnológico, Europa está poniendo el foco en la regulación. ¿Puede suponer un lastre para la innovación y la competitividad? ¿Existe el riesgo de acabar regulando industrias que otros crean y dominan?
Regular no es el problema. Europa tiene razón al defender derechos, seguridad jurídica y límites frente a tecnologías que afectan a la persona, la economía y la democracia. El riesgo aparece cuando la regulación sustituye a la capacidad. Una norma sin músculo industrial, tecnológico y financiero detrás conserva valor formal, pero pierde peso real.
Europa no puede resignarse a ser el notario exquisito de revoluciones que otros inventan, financian, escalan y dominan. El reto no es regular menos, sino concentrarse en hacer, en producir en el mundo real, no en el mundo normativo: más investigación, más capital, más energía disponible, más empresas tractoras, más compra pública inteligente y más integración entre universidad, industria y seguridad. Sin eso, Europa regulará el futuro desde la periferia del futuro.

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A nivel local, están surgiendo hubs tecnológicos ajenos a los circuitos tradicionales. ¿Están preparados para competir en un mundo globalizado?
Europa tiene mimbres sobrados para competir, pero no si se conciben como pequeñas Silicon Valle de imitación. El mundo tecnológico premia escala, especialización y conexión.
Un hub local tiene futuro si sabe elegir nicho, atraer talento, conectar universidad y empresa, acceder a financiación, integrarse en cadenas globales y aprovechar una ventaja concreta: energía, industria, logística, lengua, salud, defensa, agroalimentación, ciberseguridad o datos.
La globalización tecnológica no ha desaparecido; se ha vuelto más selectiva y más política. Eso abre oportunidades para territorios que antes estaban fuera del mapa. Pero la condición es abandonar el folclore del ecosistema y construir capacidades reales. No basta con incubadoras, eventos y vocabulario innovador. Hace falta masa crítica, continuidad y demanda sofisticada.
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¿Cuáles serán los grandes desafíos geopolíticos y tecnológicos de la próxima década?
El primero será la rivalidad entre Estados Unidos y China, que ordenará el resto: Taiwán, chips, IA, defensa, espacio, ciberseguridad, estándares y minerales críticos.
El segundo, la conversión de la economía en terreno de coerción: sanciones, controles de exportación, aranceles, vetos tecnológicos y cadenas de valor más caras pero menos vulnerables.
El tercero, la seguridad de las infraestructuras que sostienen la vida cotidiana: energía, cables, satélites, pagos, nubes y puertos.
El cuarto, el impacto social de la inteligencia artificial sobre empleo, educación, legitimidad democrática y confianza pública.
Y para Europa, el desafío transversal será el de siempre, formulado ya sin anestesia: dejar de confundir principios con poder y convertir regulación, presupuesto y talento en capacidad efectiva.
