Alex Txikon:  “En el Everest tuve cobertura hasta los 5.700 metros”

Alex Txikon (Lemoa, Bizkaia, 1981) responde nuestra llamada justo cuando intenta resolver un lío en la carretera. Un amigo suyo se ha equivocado al llenar el depósito del coche y ha puesto el combustible equivocado. Son problemas de la vida en casa, muy distintos a los que tiene que superar en sus expediciones en el Himalaya.

Regresó en marzo del Everest y allí estuvimos para recibirle. 83 días de expedición en los que a punto estuvo de conseguir algo que nadie ha podido: subir la montaña más alta del mundo (8.848 m) en invierno y sin oxígeno artificial. El mal tiempo, con rachas de viento de 70 kilómetros hora y un frío extremo de 28 grados bajo cero en el interior de la tienda, evitaron que lo consiguiera.

Esto no es un adiós, es un hasta luego”, escribió en su blog cuando se dio la vuelta.

BLOG EUSKALTEL. Volverás.

ALEX. Me apetece tener una segunda oportunidad. Siento que pese a las dificultades podríamos haber alcanzado la cumbre. Veo que el objetivo no es tan inhumano. Es un reto muy, muy difícil, pero no imposible. Tengo la motivación de volver a intentarlo.

B. E. ¿Este mismo 2017 a final de año?

ALEX. Ojalá pudiera ser, pero es muy difícil saberlo. Hay que tener en cuenta que este tipo de retos desgasta mucho. No solo en lo personal, sino también en el equipo y en lo económico. Imagínate tú de dónde vamos a sacar nosotros financiación ahora. Pero yo creo que nos merecemos una segunda oportunidad.

B. E. Durante la expedición contaste a través de redes sociales y tu blog la aventura. ¿Cómo es eso de estar conectado allí arriba?

ALEX. Es increíble cómo la tecnología va avanzando. Ahora mismo estaba hablando con unos amigos que están en el Manaslu, una montaña de 8.163 metros (la octava más alta del mundo). ¡Hay conexión 3G! La tecnología nos ayuda a estar más accesibles y a obtener información, como pueden ser partes meteorológicos. Puedes contactar con amigos que han estado anteriormente ahí para que te pasen información al momento. “Oye, he visto una foto. Nosotros fuimos por ese lado…”. Pero hay otros aspectos que no son tan positivos.

B. E. ¿Por ejemplo?

ALEX. El hecho de que puedes leer todo lo que se dice en Internet de la expedición. Yo trato de aislarnos para que en el equipo solo tengamos un mundo: la montaña.

Todo el mundo opina

B. E. Es curioso leer las noticias de los medios especializados durante la expedición. En la sección de comentarios, hay opiniones de todo tipo, incluso algunos lectores parece que saben más que el que está en la montaña.

ALEX. Ya te digo. Ahora mismo, ¿cuántos seremos los que hacemos expediciones invernales en ochomiles? Yo qué sé. Seremos media docena los que nos dedicamos a esto, pero luego opina todo el mundo. Yo acepto las críticas constructivas, pero muchas veces se critica sin saber. En ocasiones a la gente le suena raro lo que hacemos, pero todo tiene su trasfondo y todo tiene su porqué. Yo creo que no todo tiene por qué saberse. Hay cosas que las hacemos por la planificación o por la estrategia de la subida. Pero como dices, la tecnología permite que todo el mundo opine. Yo creo que se debe mejorar. Habría que exigir nombres y apellidos a los que comentan para que sepa quién es cada uno. Pero yo no soy de entrar en foros.

 B. E. ¿Lo evitas?

ALEX. Hace tiempo que todo eso pasó a segundo plano. Eso se aprende con los años. Solo me importa lo que digan mis amigos y mi familia.

B. E. En el Everest, ¿hasta qué altura tenías cobertura?

ALEX. Hasta 5.700 metros. Puedes enviar un WhatsApp, una foto, lo que quieras. Con tu propio móvil y con tarjeta Euskaltel, en este caso, tienes señal muy buena. Es alucinante. La limitación es la electricidad. Para cargar baterías utilizábamos paneles solares que solo nos daban para dos horas, ya que en invierno apenas hay sol. También contábamos con un módem satelital, que sí tiene cobertura las 24 horas del día.

 B. E. El Gobierno de Nepal exigirá GPS a algunas expediciones en el Everest por seguridad y para evitar trampas. Tú subiste en invierno y sin oxígeno artificial el Nanga Parbat (8.126 m) y gracias al GPS pudimos seguir en el ordenador tu asalto a la cumbre en tiempo real. Sin embargo, el GPS falló y no recogió tu paso por la cima.

ALEX. Se quedó a unos metros. Un follón enorme (demostró la cumbre con una foto). Todavía falta por desarrollar aparatos con exactitud cien por cien. Es una tema delicado, porque esos GPS pueden ser transferibles. Se lo das a cualquiera y venga.

 B. E. ¿Y a ti cómo te ayuda el GPS en una expedición?

ALEX. No me ayuda para nada, porque al final no te permite ver dónde estás (utiliza un RaceTracker que emite señal). Es más para la gente que te sigue desde sus casas, para que vea dónde estamos. Pero como el cacharro hace cosas raras también, no sé hasta qué punto es beneficioso.

B. E. ¿Y cómo llevas lo de actualizar las redes sociales y el blog durante tus expediciones?¿Te lleva mucho esfuerzo allí arriba?

ALEX. Es un trabajo muy costoso, pero es parte de nuestra rutina. Como deportistas no todo es entrenarse e ir a la montaña. Hay seis meses de buscar la financiación, tres meses de conferencias y luego tres meses de expedición. Tienes que seguir con las redes sociales en la montaña para que los que han apostado por ti tengan notoriedad en los medios de comunicación. Llevamos dos o tres ordenadores y cargadores extras. Es un esfuerzo.

Y con esta pregunta nos despedimos de Álex, después de una conversación en la que nos ha demostrado que aunque quiere alcanzar la cima a toda costa, sigue teniendo los pies en la tierra. La próxima vez tendrá que contarnos cómo acabó el coche 😉

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